La Vida está primero

El Juez de Menores Horacio Piombo, de Buenos Aires, disminuyó la pena de quien agredió sexualmente a un chico de 6 años, por considerar que el daño "no había sido tanto", toda vez que el mismo niño ya había sido violentado antes por otro hombre. Ahora el agresor está libre y vive a dos cuadras del muchacho.

Sabemos que de errores y horrores como éste la vida humana está plagada. La consciencia media, singular y colectiva se ha venido entumeciendo con los siglos, tanto por el sostenido trabajo del poder fáctico en sus múltiples manifestaciones -tras los gobiernos y la apariencia de instituciones republicanas- como por la debilidad de los propios sujetos, nosotr@s, que a menudo sucumbimos ante la avalancha de potentes estímulos distorsionadores, provenientes de oscuros Think Tanks en diversos lugares, e irradiados por los medios masivos, propiedad del mismo poder. 

Los humanos, está muy dicho, somos capaces de las más altas cumbres y de las más abjectas miserias. Que transitemos entre esos dos polos, acercándonos más a uno o al otro es cuestión de decisiones personales.

Estoy convencido de que así como no hay "azar", pues su sola consideración violenta el Principio Inteligente Universal, también sé que cada ser humano viene construyendo su mundo, su realidad personal, a partir de las decisiones que toma a diario. Todas sus decisiones, pequeñas y grandes.

Es claro que una vez tomada una decisión, generamos el efecto de la misma, del cual debemos hacernos cargo, indefectiblemente.

Tenemos acceso a diversas herramientas y posibilidades, ciertamente; pero nunca ha sido el propósito de nuestra vida el que seamos en nuestra expresión, todos iguales, como lo somos en nuestra impresión. El mismo noúmeno y diferente fenómeno.

La maravilla de nuestra diversidad es -precisamente- la posibilidad de aprendizaje, de colaboración y de crecimiento compartido. Es lo que cosechamos en la Tierra y es lo que nos produce felicidad.

Las heridas del mundo, de la humanidad, no sanan mediante la agresión a quienes son identificados como responsables. La violencia no se disipa con más violencia.

Las instituciones que hemos creado para el control social, con todos los defectos propios de la condición de quienes las integran, deben seguir cumpliendo su función, mas ello claramente no implica progreso vibratorio en la delicada tela de la consciencia.

Es desde otro lugar que los seres humanos podemos incrementar esa vibración, de modo paralelo al devenir cotidiano con sus miserias y virtudes.

Podemos crecer en el sentimiento y la conducta que honra la vida y en el descubrimiento personal de la sacralidad de nuestro origen y del sendero que podemos construir día a día.

Elevar nuestra frecuencia vibratoria esencial, desde el lugar en que cada quien se encuentre, es una prerrogativa y una decisión personal.

Y un camino cierto para ello es la Biodanza.

Una vieja canción decía: "si todas las gentes del mundo, las manos se pudieran dar, en torno del mar un corro, podríase formar". Como la ronda que hacemos semana a semana en nuestras sesiones de Biodanza, y las que se hacen en todos los Grupos Regulares de Biodanza por el mundo.

Para mí es claro que la luz es mucho más poderosa que la oscuridad..., porque la luz incluye la oscuridad..., está más allá de toda dualidad en pugna. La oscuridad es sólo ausencia o insuficiencia de luz y basta un breve movimiento de la voluntad personal para acelerar la frecuencia vibracional, en cualquier condición o lugar, y hacer realidad el mandato primigenio de "hágase la luz", que inicia todo el proceso de la existencia, tal como hasta aquí la conocemos.